domingo, 6 de abril de 2008

Algo mas que no sabiamos de El Prodigio

Un Prodigio con acordeón colgado en el pecho

El día en que don Luis García y Doña Benita Mata tuvieron a su tercer hijo, no sospechaban que cualquier nombre que le pusieran sería en vano.
En Media Gorra, Cabrera, corría la mitad de noviembre de 1976 y todos los días empezaban y se acababan con los merengues que se oían en la radio. Por eso cuando el niño aquel se encontró por primera vez con un acordeón, de inmediato supo qué hacer con el singular instrumento.
Todos los sonidos que podía repetir ya estaban en su cabeza y sólo era cuestión de que llegaran hasta la punta de sus dedos. Al principio a don Luis no le gustó la idea de que el muchachito jugara con su preciado acordeón, pero al oír las melodías que era capaz de “sacar”, llamó a todos para que lo oyeran.
A los cinco años de edad fue su primera presentación en público. Desde ese mismo día perdió para siempre el nombre y los dos apellidos. Ni Cresencio, ni García, ni Mata. Ninguna de esas tres denominaciones pueden responder por uno de los artistas más originales y auténticos de la música dominicana actual: El Prodigio.

Apenas tenía 7 años cuando se presentó en un importante y popular programa televisivo. A los 11 años ya había formado un cuarteto y consiguió grabar su primer sencillo: “No te vayas en yola”.
Pero la trayectoria de este joven virtuoso no habría sido la misma sin Nueva York. Su familia llegó a la Gran Manzana cuando El Prodigio tenía 15 años y sus estudios de canto y música en la Escuela de Arte de Harlem le pusieron en contacto con otras sonoridades, convirtiéndolo en un creador mucho más plural, despojándolo de ciertos prejuicios que atormentan regularmente a los intérpretes de merengue típico.
“Estudiar jazz me enseñó a entender de una manera más orgánica que la fusión es uno de los procesos musicales más enriquecedores –confesó recientemente El prodigio en una entrevista–. Por eso para mí la música típica no pierde su esencia con la adición de otras sonoridades, todo lo contrario. Eso en todo caso la reafirma, la hace más rica aún”.

Esas innovaciones de El Prodigio al principio fueron incomprendidas, sobre todo por los que creen que el merengue es algo inamovible que no admite el más mínimo cambio. No pocos atacaron sus fusiones y subestimaron una propuesta que en realidad lo que estaba propiciando era una verdadera revolución dentro de un ritmo que, para mantenerse vivo, precisa de la simpatía y complicidad de los jóvenes.
Pero El Prodigio no sólo ha sido legitimado por los miles y miles de bailadores que noche tras noches acuden a sus conciertos, músicos como Juan Luis Guerra, Chichí Peralta y el pianista cubano Chucho Valdés han declarado recientemente que contarán con El prodigio y su acordeón en sus próximos proyectos.
“El Prodigio es un gran músico –declaró recientemente Juan Luis– y puede suceder algo muy hermoso en nuestra próxima grabación”. Pocos días después, en una entrevista televisiva, Chichí confesó que el “sueño de su vida era grabar con El Prodigio.

Su primer reconocimiento fue en un festival de imitación a Tatico Henríquez, leyenda del merengue típico, seguido de su participación en el festival de Artes de Omega Si Fhi en Washington, donde obtuvo el primer lugar en el renglón Instrumentos Contemporáneos, obteniendo también el gran premio sobre todos los renglones del arte.
Luego vino el mayor, el de todos los bailadores cibaeños. Por eso el Casandra, la participación en el Festival Presidente y la decena de proyectos que tiene entre manos no son más que la consolidación de una carrera que recién ha comenzado.
No sabemos la fecha exacta de su primer encuentro con el raro instrumento musical, pero ese día lo decidió todo: su nombre, su suerte y la de un sonido que acompaña los pies el corazón de los dominicanos por más de siglo y medio. Ya no es el hijo de don Luis García y Doña Benita Mata, es un Prodigio con un acordeón colgado del pecho.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Wow que joya de historia tan real esa del prodigio men wow!!